martes, febrero 13, 2007

¡Proletarios del mundo, uníos!


Tras leer las duras condiciones a las que se han visto obligados a hacer frente los inmigrantes asiáticos y subsaharianos del buque "Marine I" tras más de dos meses de travesía, me apetece hacer una reflexión personal acerca del mundo en el que vivimos; de este periodo de la historia mundial que comunmente denominamos "globalización".

Hace unos días ví a una familia de inmigrantes subsaharianos que, ya caída la noche, rebuscaban entre restos de comida caducada o en mal estado que una cadena de supermercados había depositado en unos enormes contenedores de basura junto a la puerta trasera. No me puedo imaginar lo duro que debe ser hurgar en la basura para conseguir comida, pero menos me podía imaginar la deshumanización de la gente hasta que oí cómo una mujer que caminaba delante de mí se paró en seco para decir: ¡Que se vayan a su puto país!¡Escoria!.

Yo siempre he visto a los inmigrantes como trabajadores que huyen de la miseria de sus países de origen para sobrevivir, con mayor o menos fortuna, en ese espacio geopolítico que denominamos "primer mundo"; un término paradigmático porque no es una categoría unitaria, ya que que bajo el paraguas del "primer mundo" encontramos desde las mayores fortunas económicas hasta las situaciones de pobreza más extrema. Sólo un dato: los últimos trabajos de Timothy Smeeding señalan que el 20% de la población estadounidense viven bajo el umbral de la pobreza absoluta.

La globalización está trayendo consigo procesos globales de polarización vertical que distancian cada vez más a las élites político-económicas, unidas mediante los negocios empresariales de carácter transnacional, de la población trabajadora. La globalización acentúa los procesos de desigualdad social expandiendo la dinámica del "capitalismo salvaje" a todas las regiones del mundo, por eso sólo un cambio estructural podría dar un vuelco a la situación.

Deberíamos dejar de ver a los inmigrantes como un amenaza que pone en peligro el trabajo en los países del primer mundo y verlos como lo que son, trabajadores que huyen de una situación de injusticia social. Sólo siendo capaces de ver que los inmigrantes sufren unas situaciones de explotación laboral similares a las que, en otra medida, padecen los trabajadores del primer mundo podríamos superar las diferencias. Por eso, y por las diferentes formas de explotación encubierta que afectan a los trabajadores de todo el mundo, apuesto por recuperar el lema de Marx:

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

4 comentarios:

bukuru dijo...

Hola, yo soy una de las de la estirpe de Lilith... me encanto lo q encontré por acá...
"ni heroína ni princesa, ni voluble, ni perversa...crece libre y no se deja someter... Lilith: la primera mujer".

carlos martinez dijo...

Yo creo que vivimos en un exceso de adoración al dinero. Ese mismo africano con dinero seria bienvenido.
Lo que no entiendo es lo de creerse superior por nacer aquí, como si lo hubieramos elegido.
¿Tan dificil es ponerse en el lugar del otro?

Colibrí Lillith dijo...

Precioso texto, chica!

Sólo puedo decir que estoy muy de acuerdo en todo lo que dices, y me alegra encontrar estos posts reivindicativos, que nos recuerdan el daño de los prejuicios.

A ver si empezamos a abrir los ojos y a darnos cuenta de que no es que los inmigrantes nos quiten el trabajo, como se suele decir, sinó que los empresarios se aprovechan de su situación. Habrá que ver más allá y darnos cuenta de que el enemigo de todos es el mismo: el capital.

Bonito texto :)

Anónimo dijo...

Una historia asombrosa, rociada del mejor comentario. Es difícil encontrar a alguien en estos tiempos que reivindique los ideales del proletariado. La mayoría de la gente no conoce la diferencia entre la lucha ideológica del marxismo con el aporte a la ciencia económica e histórica que dió. ¡Que bueno que lo dijiste! ¡ÚNIOS!