viernes, diciembre 22, 2006

La aniquilación de las civilizaciones


Hoy me propongo abrir una entrada sobre la guerra de Irak. No voy a hablar de la ocupación militar, de masacres a civiles, de torturas sistemáticas ni del expolio de los recursos naturales. Existen muchas formas de aniquilar un pueblo y una de ellas pasa por la destrucción de su historia y su patrimonio cultural, una destrucción encaminada a borrar el legado histórico de los iraquíes del flujo cambiante de la historia. Pero los grandes señores de la guerra se olvidan de un pequeño detalle: la aniquilación de la historia iraquí es la destrucción de nuestra historia porque, le pese a quien le pese, la origen de la agricultura, del estado y de lo que tan retóricamente denominamos civilización surguió en algún lugar situado entre el Tigris y el Eúfrates.

En palabras de William R. Polk, fundador del Centro de Estudios Medio-Orientales en la Universidad de Chicago, “fue allí hace 7.000 años, en lo que los griegos llamaban Mesopotamia, donde comenzó la vida tal como la conocemos actualmente: allí la gente comenzó por primera vez a especular sobre filosofía y religión, desarrolló conceptos de comercio internacional, convirtió ideas de belleza en formas tangibles y, sobre todo, desarrolló la maestría de la escritura”. De hecho, no se asocia ningún otro sitio en la Biblia, con la excepción de Israel, con más historia que Babilonia, Shinar (Sumeria), y Mesopotamia – diferentes nombres para el territorio que los británicos comenzaron a llamar “Irak” poco antes de la Primera Guerra Mundial- hasta el punto de que la mayor parte de los primeros libros del Génesis transcurren en enclaves localizados en Irak, por ejemplo, Génesis 10:10 y 11:31; Daniel 1-4; y II Reyes 24.

No es la primera vez que en el transcurso de un conflicto bélico se procede a la destrucción del patrimonio cultural de un pueblo, de hecho, se podría afirmar que ésta es una actividad recurrente destinada a humillar aún más si cabe a lo vencidos. Pero en el caso iraquí el expolio y la aniquilación cultural han sido tan intenciados e innecesarios que constituye un caso excepcional. En la época de las guerras televisadas, de los misiles teledirigidos que teóricamente minimizan el número de víctimas, de los ataques selectivos y de los "daños colaterales", la aniquilación cultural de los vencidos sigue vigente.

El 10 de abril de 2003, en un discurso por televisión, el presidente Bush reconoció que el pueblo iraquí es “heredero de una gran civilización que contribuye a toda la humanidad”. Sólo dos días después, bajo los ojos complacientes del Ejército de EE.UU., los iraquíes comenzaron a perder ese patrimonio en un torbellino de saqueos e incendios que incluyeron el saqueo del Museo Nacional de Bagdad, el incendio de la Biblioteca y de los Archivos Nacionales así como de la Biblioteca de Coranes en el Ministerio de Fundaciones Religiosas. Unos desastres que fueron, según Paul Zimansky, arqueólogo de la Universidad de Boston, “el mayor desastre cultural de los últimos 500 años”. Aunque Eleanor Robson de All Souls College, Oxford, fue más allá al asegurar que "hay que retroceder siglos, a la invasión mongol de Bagdad en 1258, para hallar saqueos de esta dimensión”. Sin embargo, el Secretario de Estado norteamericano Donald Rumsfeld comparó el saqueo con las secuelas de un partido de fútbol y aseguró que “la libertad es desaliñada… La gente libre posee la libertad para hacer errores y cometer crímenes”.

Hasta abril de 2003, los alrededores del yacimiento de Ur, ciudad de más de 3.ooo años de antigüedad localizada cerca de Nasiriyah, continuaba siendo investigada por grupos internacionales de arqueólogos que se vieron obligados a abandonar el país pocos días antes de la guerra. Los militares estadounidenses eligieron el terreno inmediatamente adyacente al zigurat para construir su inmensa Base Aérea Tallil, con dos pistas de aterrizaje de 4.000 y 3.200 metros de largo respectivamente y cuatro campos satélites. Al hacerlo, los ingenieros militares movieron más de 9.500 cargas de camiones de tierra a fin de construir 32.500 metros cuadrados de hangares y otras instalaciones para aviones y aviones teledirigidos. Arruinaron completamente el área, el corazón literal de la civilización humana, para cualquier investigación arqueológica o turismo futuros. El 24 de octubre de 2003, según la Organización Global de Seguridad, el Ejército y la Fuerza Aérea construyeron su propio zigurat moderno: “Abrieron su segundo Burger King en Tallil. La nueva instalación co-ubicada con un Pizza Hut, asegura que haya otro restaurante Burger King para que más soldados de ambos sexos que sirven en Irak puedan, aunque sea por un momento, olvidar sus tareas en el desierto y obtener un hálito de ese perfume familiar que los devuelve a casa”.

El comportamiento estadounidense en otros sitios de Irak no fue mejor. En Babilonia, las fuerzas estadounidenses y polacas construyeron un depósito militar, a pesar de las objeciones de los arqueólogos. John Curtis, la autoridad sobre los numerosos sitios arqueológicos de Irak del Museo Británico, informó sobre una visita en diciembre de 2004 en la que vio “grietas y brechas donde alguien había tratado de escoplear los ladrillos decorados que formaban los famosos dragones de la Puerta Ishtar y un pavimento de 2.600 años de antigüedad apisonado por vehículos militares”. Otros observadores dicen que el polvo levantado por los helicópteros de EE.UU. había erosionado la frágil fachada de ladrillos del palacio de Nabudonosor II, rey de Babilonia de 605 a 562 aC. Por otra parte el arqueólogo Zainab Bahrani aseguró que "entre mayo y agosto de 2004, el muro del Templo de Nabu y el techo del Templo de Ninmah, ambos del siglo VI aC, se derrumbaron como resultado del movimiento de helicópteros. Cerca de allí, máquinas y vehículos pesados están aparcados sobre los restos de un teatro griego de la era de Alejandro de Macedonia (Alejandro Magno)”.

Los partidarios de la guerra de Irak han hablado interminablemente de su guerra global contra el terrorismo como de un “choque de civilizaciones”. Pero la civilización que estamos destruyendo en Irak forma parte de nuestro propio patrimonio y de la herencia del mundo. Antes de la invasión de Afganistán, se condenó a los talibán por dinamitar las monumentales estatuas budistas del siglo III DC en Bamiyan en el 2001. Eran dos estatuas gigantescas de destacado valor histórico y la barbarie involucrada en su destrucción fue proclamada en grandes titulares y comentarios horrorizados en todo el mundo. Hoy en día, los gobiernos que se autoproclaman aladiles de la libertad y la democracia dirigen crímenes mucho más graves cuando se trata de la destrucción de todo un universo de antigüedad, pero pocos parecen tenerlo en cuenta aunque puede que quede bien registrado en la memoria de otros.

1 comentario:

La Revolución de las Costillas dijo...

La antigua Mesopotamia, cuna de la civilización mundial, destruida (y saqueada)... Es una lástima.

Un abrazo cariñoso (tanto tiempo sin visitarnos!). Que el 2007 nos mantenga en contacto.

Saludos,
Karolina