viernes, octubre 06, 2006

Flores malsanas y paraísos artificiales.

Tras varios meses de viajes, descansos y conversaciones caninas vuelvo a insuflar algo de vida a este pequeño refugio de reflexiones antropológicas, históricas y artísticas. Hoy no voy a revivir ningún mito clásico, desempolvar románticas obras de arte ni cuestionar hallazgos arqueológicos.

Esta noche me apetece recordar un poema que leí hace muchos años atraída por la bohemia, los excesos, la sonrisa del hada verde, el ensueño del éter, el calor del opio y los paraísos artificiales que envolvieron la vida de su autor hasta llevarle a la muerte. Me refiero a Charles Baudelaire, sí, el poeta paranoico, suicida, arruinado, alcoholizado, sifilítico y finalmente parapléjico, que bajo su decrepitud superficial escondía uno de los mayores talentos literarios del XIX.

Baudelaire bucea en la belleza de lo aparentemente feo, en el simbolismo de la muerte, en la búsqueda de la verdad y en el romanticismo de lo decadente para ofrecernos poemas tan sugerentes como éste. Disfrutadlo hasta que el gusano os roa la piel.

REMORDIMIENTO PÓSTUMO.

Cuando duermas al fin, mi beldad tenebrosa,
dentro de un gran sepulcro, bajo mármoles negros,

cuando ya sólo tengas por alcoba y mansión
un lluvioso panteón y una fosa en la tierra;

cuando impida la piedra sobre el pecho medroso
y sobre esas caderas de una blanda indolencia,
el latir y el amar que hay en tu corazón,
y a tus pies que prosigan su azarosa carrera,

confidente la tumba de mi sueño infinito
-porque siempre la tumba va a a entender al poeta-

en las noches tan largas en que el sueño está ausente,


te dirá: "¿De qué te sirve, cortesana imperfecta,

el haber ignorado lo que lloran los muertos?"

Y el gusano roerá tu nostálgica piel.


Charles Baudelaire. Las flores del mal.

jueves, julio 13, 2006

Arte y Mitología

Tras varias entradas relacionadas con la demonología y la escatología en la Edad Media, hoy os propongo trasladaros a la antigüedad clásica para resolver una nueva adivinanza relacionada con el arte y la mitología. ¿Qué tema mitológico representa la imagen del margen superior izquierdo?

La escena muestra una sugerente escena rescatada de la mitología clásica gracias a la obra de un renombrado artista perteneciente a uno de los movimientos británicos más reaccionarios de la segunda mitad del siglo XIX. Dicho movimiento pictórico transformó profundamente la concepción inglesa del paisajismo durante la segunda mitad del siglo XIX al trasladar la realización de sus obras de los talleres a los entornos naturales en los cuales los autores lograron empaparse de la experiencia multisensorial de la naturaleza y plasmarla con grandes dosis de virtuosismo en sus obras. La realización de las obras en plena naturaleza, un medio de creación pictórica que recuperaría con posterioridad el movimiento impresionista, fue en última instancia una reacción contra la rigidez academicista que frenaba la creatividad de unos autores preocupados ante todo por la recuperación de los mitos clásicos y bíblicos y el romanticismo medieval.

El autor de esta obra pictórica, discípulo de un destacado autor que comparte su nombre con uno de los mayores autores de la literatura universal, se diferencia de otros autores del mismo movimiento en que carecía de los fuertes ideales sociales de éstos, si bien, rodeó a sus obras de un halo de profundo romanticismo que pretende representar un mundo de ensueño alejado de los avances negativos de la industrialización.

El mito clásico que ilustra este autor ha llegado a nosotros gracias a los escritos de un destacado autor clásico al que se le atribuyen numerosas amantes y que resaltó los detalles de sus romances en una serie de poemas que hablan de las diversas fases por las que pasaron sus relaciones con una de sus tres mujeres que posiblemente encarnaba la síntesis de varias amantes. Esta serie de poemas abrirían su carrera como escritor llegando a alcanzar con sus obras posterioriores un lugar de honor en la tradición clásica.

El protagonista del mito era tan experto en los oficios artísticos que llegó a competir en habilidad con un otro célebre artista mitológico que se salvó de una muerte segura dictada por un avaricioso y pretencioso monarca gracias a su ingencio y su habilidad artística. Sin embargo, la vida del protagonista de nuestro mito no se sentía saciado con el reconocimiento de su arte y dedicó todos sus esfuerzos a la búsqueda de una obsesión que a punto estuvo de llevarle a la locura sino hubiera intercedido en el momento preciso la voluntad de los dioses.

¿De qué episodio mitológico estamos hablando?

viernes, julio 07, 2006

La escatología en la Baja Edad Media

En esta nueva entrada me voy a centrar en la escatología, término derivado del griego "eschatos", que se refiere a un conjunto de creencias relativas al fin del mundo y de la existencia humana, uno de los grandes temas presente en todas las religiones y fuertemente arraigada en la memoria popular y la leyenda, donde forma un poso de pesimismo en el que se mezcla miedo, violencia y destrucción ligada a la literatura profética y apocalíptica.

Escritores apocalípticos como Enoc (Libro de los Jubileos), Baruc (Testamento de los Doce Patriarcas), Ezra y otros visionarios, profetas e iluminados, mediante la utilización de un lenguaje críptico y lleno de símbolos, difundieron antes que el evangelista Juan una idea de devastación final en la que los pecadores encontrarían la pena eterna. El concepto mesiánico lo incorporó Juan en el Apocalipsis ("revelación" en griego), obra fundamental de la que arrancan las señales que preceden a la batalla de Dios y Satán, la apertura del séptimo sello que derramará sobre la tierra desgracias y plagas de todo tipo, la fiera que surge del mar con diez cuernos y siete cabezas que representa al Anticristo, la resurrección universal de los muertos, el establecimiento del reino anunciado y el retorno de Dios a la tierra para vivir entre los hombres. A esto habría que añadir la influencia de la tradición semítica como el Libro de Daniel en el que ya encontramos el paradigma de lo que será la fantasía central de la doctrina escatológica: el mundo dominado por un poder maligno y tiránico con un poder de destrucción ilimitado cuya tiranía causará un sufrimiento insoportable entre sus víctimas hasta que suene la hora en que los siervos de Dios puedan levantarse para destruirlo.

La edad moderna vino precedida de una fuerte dimensión escatológica que hundía sus raíces en el medievo y que era conocida a través de una profusa literatura apocalíptica que, junto con la imaginería del arte medieval, mantuvo aterrorizada a la población que muy pronto vería plasmarse en la realidad todo un cúmulo de catástrofes y calamidades que atenazaron Europa en la baja edad media: la peste negra, el gran cisma de la iglesia, la Guerra de los Cien Años y la caída de Constantinopla fueron acontecimientos vividos como terrores apocalípticos e interpretados en la mentalidad colectiva como castigos inflingidos a los hombres por sus pecados y que culminarían con la llegada del Apocalipsis descrito por Juan.

La escatología cristiana gira fundamentalmente en torno a los conceptos de milenarismo, el fin del mundo, el Juicio Final, el Anticristo y los infiernos. Véamos en esta entrada los dos primeros. La doctrina milenarista está basada en la creencia de un reino intermedio entre la Creación y el fin del mundo que se materializaría en la tierra bajo el reinado de Dios durante mil años, periodo en el que los hombres disfrutarían de su compañía en un estado de felicidad completa. La idea del advenimiento del Mesias procedente del Libro de las Revelaciones destilaba dosis de optimismo convirtiéndose en una utopía más, en la tradición de los mitos del eterno retorno a la edad dorada -en este caso simbolizada en el perdido Paraíso Terrenal- pero se tornó pesimista cuando los hombres de la iglesia hicieron excesivo hincapié en las desgracias y catástrofes detalladas por Juan que precederían al establecimiento de dicho reino.

En el medievo la iglesia cristiana quiso desterrar la doctrina milenarista y así lo intentó San Agustín en sus obras, pero a pesar de los intentos la tradición se mantuvo fuertemente arraigada en la religiosidad popular siendo particularmente interiorizada por los no privilegiados, los oprimidos y los movimientos de carácter herético. Las crisis religiosas del siglo XV encontraron un fermento de rebeldía y radicalidad que originó diversos movimientos, fundamentalmente en el sacro imperio germano, que pretendían preparar la inminente llegada de Cristo a la tierra. Por ejemplo, el movimiento anabaptista que intentó transformar la ciudad de Münster en la Nueva Jerusalén, o el levantamiento de Thomas Münzter y su Liga de los Elegidos que provocaron la guerra de los campesinos de 1525 como etapa preparatoria para la llegada de Cristo.

El fin del mundo es el tema principal de la escatología y está presente en todas las religiones, incluido el cristianismo. El Apocalipsis de San Juan muestra la destrucción del mundo, la resurrección de los muertos, el retorno de Dios a la tierra y la división del mundo entre salvados y condenados. Partiendo de un profundo pesimismo sobre el destino de los hombres, presuponía la idea de un Dios justiciero y riguroso que desplegaría su venganza sobre la humanidad pecadora con toda crudeza. Esta división entre salvados y condenados radicalizó las creencias religiosas y las supersticiones en la Edad Media provocando conductas irracionales que llevaron a miles de personas a ser condenadas por realizar supuestos pactos con el diablo y ser consideradas brujas y hechiceras.

En la próxima entrada analizaré los demás factores que integran la escatología tales como el Juicio Final, el Anticristo y los infiernos.

lunes, junio 19, 2006

La demonología en el Medievo

Aunque ya mencioné algunos aspectos de la demonología vampírica en anteriores entradas, hoy me voy a centrar uno de los temas más fascinantes de la Edad Media: la demonología centrada en la creencia en el demonio como fuente de todos los males que no pueden ser explicados desde un punto de vista racional. ¿Cuando y cómo surge la demonología?, ¿Qué o quién es el demonio?, ¿Cual es su origen?

La sociedad de la Edad Media se caracterizaba por una fuerte sacralización de la vida cotidiana; cualquier actividad estaba mediatizada por la religiosidad, derivada de las normativas eclesiasticas, desde el tiempo de ocio hasta el nacimiento de un niño o la muerte de un individuo. Pero junto a esa constatación de que la divinidad estaba presente en cada momento de la vida diaria, encontramos también una creencia progresiva en el demonio, en su presencia constante junto a los hombres para hacerles caer en el pecado y arrastrales a la condenación eterna.

Esta creencia en el demonio se extiende por Europa a partir de los siglos XI y XII, pero será en el siglo XIV, a tenor de los profundos movimientos de reforma de la iglesia y en medio de las sangrientas guerras de religión, cuando se llegó al proceso de diabolización del mundo, cuando la demonología (afirmación de la existencia del demonio) se transformó en demonolatría (adoración del demonio). Será en los siglos XIV y XV cuando los tratados de demonología inunden Europa; las publicaciones en Alemania en la segunda mitad del siglo XVI superaron los 230.ooo ejemplares, y en Francia, en esa misma época aparecieron multitud de escritores que testimoniaban el inmenso poder del demonio, entre ellos ilustres personajes como J.Bodino y A.Paré.

Así pues, el demonio constituía una verdadera obsesión para los hombres y mujeres de la Edad Media y Moderna. El demonio era el punto de referencia al que se acudía para explicar todo aquello que carecía de una explicación racional, desde condiciones climatológicas adversas que causaban naufragios y destruían cosechas hasta el padecimiento de enfermedades y el nacimiento de niños con deformidades físicas. La imagen del demonio se asociaba a animales tales como machos cabríos, sapos, cerdos negros, lobos y gatos, y a figuras humanas de aspecto lúgubre y rasgos grotescos, unas imágenes alimentadas por las descripciones de predicadores y teólogos que alimentaron la imaginación popular y la inspiración de los artistas que dieron forma plástica a este imaginario. Pero, ¿qué o quién es el demonio?

En las sucesivas traducciones del Antiguo y Nuevo Testamento realizadas en el mundo antiguo, la transcripción de las palabras arameas al hebreo, al griego y después al latín sufrieron algunas variaciones. El supremo enemigo del Dios cristiano fue denominado primero con el término hebreo "Satán" y posteriormente con el término griego "diabolos", hasta que con el tiempo ambos vocablos acabaron equiparándose y se extendió el uso del término "diablo o demonio" para designar ya no sólo a Satán sino también a sus acólitos haciendo así referencia a cualquier ser causante de mal. Será esta denominación de "diablo o demonio" la que se utilize en el Concilio de Toledo (siglo V) para legalizar el concepto religioso de la personificación del mal.

Según la tradición cristiana, los demonios son seres espirituales creados por Dios que se rebelaron contra su creador a través del pecado, pero ¿qué pecado? Tradicionalmente se han barajado cuatro hipótesis para explicar el pecado de Satán: En primer lugar, según una teoría difundida en los primeros años del cristianismo en el texto apócrifo El libro de los vigilantes, se le atribuye un pecado sexual cometido con Lilith por el que se engendran monstruos y demonios. Una segunda versión, transmitida en otra obra apócrifa, La vida de Adán y Eva, implica un pecado de desobediencia que transformó a varios ángeles en demonios, siendo ésta la versión que después recogería el Corán. Una tercera hipótesis sostenida por padres de la iglesia como Hildebrando, Alberto Magno o Duns Scoto mantiene que Satán era el ángel más bello de la creación lo que le llevó a cometer un acto de orgullo frente a Dios. Por último, Tomás de Aquino mantiene la tesis del pecado de la soberbia según la cual el ángel que creyó ser igual a Dios cometió un pecado tan grande que Dios le castigó a él y a todos los demás ángeles que le habían creído convirtiéndolos en demonios.

Lo cierto es que sea cual fuera el pecado que cometió el ángel caído, algunos de los interrogantes que se formulaba el hombre medieval eran ¿cuántos demonios existen en el mundo?, ¿cuáles son sus poderes?, ¿dónde habitan?, ¿por qué dominan a los hombres bajo la forma de posesiones?, ¿qué papel juegan en los casos de brujería? A estos y otros interrogantes intentaré dar respuestas en siguientes entradas.

lunes, junio 12, 2006

Arte y Mitología

Después de seis semanas ausente vuelvo con energías renovadas para hablar sobre temas históricos, arqueológicos, mitológicos y artísticos que me despiertan especial interés. Tras varias entradas protagonizadas por Lilith, vampiros, empusas y demás seres nocturnos, hoy me apetece retaros con una evocadora adivinanza. ¿Qué tema mitológico recrea la imagen del margen superior izquierdo?

La escena nos muestra una onírica escena rescatada de la mitología clásica gracias al pincel de uno de grandes artistas del simbolismo europeo del siglo XIX. La crítica del momento elogió esta obra expuesta en el Salón de 1880 ensalzando "los toques mágicos del pincel de este visionario" y describió la cueva marina como "un antro iluminado por piedras preciosas, como un tabernáculo que contenía una inimitable y radiante joya: el cuerpo blanco, ligeramente rosado en los senos y en los labios, de la nereida ¿...? endormecida entre sus largos cabellos dorados e insensible al amor de ¿...?"

El mito clásico al que hace referencia este aclamado pintor ha llegado hasta nosotros gracias a la compilación mitológica de un autor latino que sufrió las suspicacias del sector más conservador de la sociedad romana y del propio emperador Augusto quien definió una de las conocidas obras de este autor, en la que nos enseñaba los goces y disfrutes de la seducción, como "inaceptable e inmoral".

A finales del siglo XVI un escritor español, que comparte su ilustre apellido con una bella orquídea, recuperó esta bella fábula para la poesía castellana rompiendo así la vertiente satírica y burlesca de gran parte de su obra. El protagonista masculino, que se hizo un hueco en la literatura universal gracias a la obra de un conocido poeta griego a quien las últimas investigaciones atribuyen la autoría de poemas tebanos sobre Edipo, padece un amor no correspondido que le llevó a cometer un cruel acto de venganza narrado así por el autor español del siglo XVI:

"Con violencia desgajó infinita
la mayor punta de la excelsa roca,

urna es mucha, pirámide no poca.
Con lágrimas la ninfa solicita
las deidades del mar que ... invoca:

concurren todas, y el peñasco duro
la sangre exprimió, cristal fue puro.

Sus miembros lastimosamente opresos

del escollo fatal fueron apenas,

que los pies de los árboles más gruesos

calzó el líquido aljófar de sus vena.

Corriente plata al fin sus blancos huesos,
lamiendo flores y argientando arenas,

a Doris llega, que con llanto pío,

yermo lo saludó, lo aclamó río"

¿De qué epiodio mitológico estamos hablando?

domingo, mayo 07, 2006

Vlad Tepes, Hijo de la Orden del Dracul.

Las fuentes documentales rumanas nos han permitido reconstruir con bastante fidelidad la historia de uno de los personajes más conocidos de la región de Transilvania, el voivoda Vlad Tepes, un oscuro noble perteneciente a la Orden del Dracul que inspiró el personaje de Drácula de la obra de Bram Stoker. La historia se remonta al año 1430 cuando el emperador del Imperio Germánico y rey de Hungría y Bohemia, Segismundo de Luxemburgo, designa como nuevo voivoda de la región de Valaquia a un noble rumano llamado Vlad (padre de Drácula), al cual armó caballero de la Orden del Dragón (Dracul) fundada en 1418 para luchar contra el empuje de los ejércitos turcos que amenezaban el este europeo. Durante su etapa como voivoda Vlad tuvo cuatro hijos a cada uno de los cuales el destino les deparó un final muy diferente: Mircea, Vlad Tepes, Radu el hermoso y Vlad el monje.

La historia medieval de Transilvania estuvo marcada por su posición geoestratégica que la situaba como el lugar de paso obligatorio entre el oriente musulmán y el occidente cristiano. Los continuos enfrentamientos entre ambos mundos y el imparable avance de los ejércitos del sultán convirtieron la región de Transilvania en una zona de combate en la que los voivodas tuvieron que lidiar con ambos frentes para mantener sus dominios. Unas veces, respetaban sus juramentos como cristianos mientras que, muchas otras, pactaban el pago de tributos a los turcos para impedir que sus territorios nobiliarios fueran arrasados. Es así como, al parecer, Vlad padre fue convocado en 1440 a una reunión con el sultán Murad II. El voivoda viajaba con sus hijos Vlad Tepes y Radu al encuentro con el sultán pero, al llegar al lugar del encuentro, los nobles valacos fueron hechos prisioneros por los ejércitos turcos y trasladados a la corte del sultán en Constantinopla para ser utilizados como rehenes en las negociaciones políticas con los reinos cristianos. En su cautiverio Vlad Tepes aprendió la lengua turca y los vicios de la política.

Vlad padre finalmente fue asesinado por familias valacas rivales tiempo después de su cautiverio en Constantinopla, y Vlad Tepes se convirtió en el nuevo voivoda de Valaquia entre 1448 y 1476. La región de Valaquia se convirtió en el escenario de las sangrientas acciones de Drácula (la "a" final indicaba "hijo de", es decir, "el hijo del dragón"). En la frontera norte del país erigió su famoso castillo y sobre un río tributario del Danubio, el Dambovita, levantó una segunda fortaleza que en 1659 se convirtió en la ciudad de Bucarest, la capital de la moderna Rumanía. Muy cerca de este lugar, Drácula fue asesinado y decapitado por los turcos quienes trasladaron y exhibieron la cabeza del voivoda en la plaza principal de Constantinopla, a pesar de que su cuerpo fue sepultado en el monasterio de la isla de Snagob, cercana a Bucarest. La vida de Drácula se nos presenta azarosa y sanguinaria ya desde los tiempos de su cautiverio en Constantinopla.

Las fuentes históricas otomanas ya nos hablan de un Drácula extremadamente agresivo durante su cautiverio en Constantinopla hasta el punto de ser temido por los propios carceleros turcos, una actitud muy diferente a la mostrada por su hermano Radu quien se mostró muy interesado en los asuntos del sultán llegando incluso a formar parte de su harén. Algunos escritos anónimos de origen germano fechados en el siglo XVII nos muestran un aterrador perfil de Drácula:

"Un monstruo y fiero guerrero llamado Drácula cometió actos tan reñidos con el cristianismo como matar hombres colocándolos en estacas, cortándolos en rebanadas, hirviendo a madres y niños vivos y obligando a los hombres a cometer actos de canibalismo."

"Una vez hizo fabricar una olla enorme con dos manijas y sobre ella un aparato realizado con tablones agujereados, de tal modo que un hombre pudiera atravesarlos con su cabeza. Luego hizo que se encendiera un gran fuego bajo la olla e hizo echar agua en ella e hirvió a los hombres de esta manera."

De las fuentes históricas deducimos que su inclinación a la tortura le llevó a desarrollar métodos extraordinariamente crueles como el empalamamiento. Se ataba al prisionero a dos caballos y se tensaban las cuerdas para que el cuerpo quedara completamente estirado, después se le introducía una estaca redondeada y aceitada por el recto que le atravesaba el vientre y el abdomen. La finalidad del empalamiento era el sufrimiento y la agonía del prisionero, aunque si el empalamiento comenzaba por el ombligo o a la altura del corazón la muerte era instantánea. Vlad Drácula no se dejó conmover por las edades, sexo o religión de los prisioneros llegando a empalar a madres y lactantes, incluso algunas fuentes señalan que empaló a madres con las cabezas decapitadas de sus hijos sobre los pechos. Otra de sus aficiones consistía en la mutilación de las víctimas antes de empalarlas. Cortaba orejas, narices, órganos sexuales y extremidades que obligaba a devorar a los propios parientes de los ajusticiados antes de presenciar su empalamiento. Sus crueldades alcanzaban extremos inimaginables, algunos textos nos hablan de cómo despellejada las plantas de los pies de sus cautivos, les echaba sal y dejaba que alguno de sus animales lamiera las heridas indefinidamente.

El gusto por la tortura alcanzó incluso sus deseos sexuales. En varios escritos leemos cómo ombligó a un soldado a comerle los pechos a su esposa, o cómo él mismo castigó a una de sus amantes que reclamaba el reconocimiento de un hijo abriéndole el vientre para ver si, efectivamente, lo podía reconocer. Son muchas las anécdotas que nos muestra a un Drácula extremadamente cruel ya en su etapa de cautiverio en Constantinopla donde se dijo había que empalado a cuantos animales caminaran por su las celdas como gatos o ratas.

Pero, ¿por qué Vlad Tepes, hijo de la Orden del Dracul, fue elegido por Bram Stoker para protagonizar una novela de vampiros? Como hemos visto en anteriores entradas, Vlad Tepes no fue el único personaje histórico que mostró una afición desmesurada por la sangre (recordemos las sangrientas aficiones de la condesa de Bathory). Sin embargo Bram Stoker envolvió la crueldad de Vlad Tepes con las cualidades nocturnas y sobrenaturales que hemos visto en seres mitológicos como las arpías, estriges, empusas y la propia Lilith para crear el arquetipo del Nosferatu, del no muerto que siembra la noche de temores e inmortalidad. Pero ¿qué encierra el personaje literario de Drácula? De esta y otras cuestiones hablaré en posteriores entradas.

lunes, abril 24, 2006

La Condesa de Bathory

En la mentalidad de la Edad Media el mundo conocido estaba habitado por seres corpóreos, tangibles y susceptibles de conocimiento, mientras que el mundo desconocido estaba lleno de seres de naturaleza inexplicable. Lo real y lo fantástico se confundían en la conciencia colectiva a través de la iconografía teratológica de los lugares sagrados (gárgolas en las fachadas de las iglesias y seres diabólicos en los capiteles) que reafirmaba la existencia de seres monstruosos causantes de todos los fenómenos inexplicables desde un punto de vista racional. Entre los seres fantásticos que inundaban la mentalidad colectiva en la Europa de finales de la Edad Media destacan especialmente las relativas a los vampiros, licántropos y seres demoníacos. ¿Cual es la imaginería vampírica de la Edad Media?

Ya hemos visto en anteriores entradas que las primeras referencias a seres lascivos que se alimentan de sangre humana surgen en la tradición clásica de la mano de las arpías, estriges y empusas, sin embargo, será a finales de la Edad Media cuando estos mitos ocupen un lugar central en la conciencia colectiva bajo la denominación de "vampiros". Las leyendas vampíricas, especialmente arraigadas en Europa Oriental, concebían a los vampiros como seres no muertos que se alimentaban de la sangre de los vivos para permanecer en un estado de inmortalidad hasta el fin de los tiempos. La iconografía vampírica medieval perfilaba a los vampiros como seres de aspecto monstruoso, repulsivo y de aliento fétido, hasta que la literatura de las últimas décadas del siglo XVIII comienza a envolver la figura del vampiro de un halo de romanticismo decadendente que ve en su naturaleza un compendio de erotismo y voluptuosidad.

El relato gótico Wake not the Dead de Johann Ludwick Tieck publicado en el año 1800 recuperó la figura del vampiro de las oscuras leyendas medievales y sentó las bases de la nueva imagen del vampiro taciturno y seductor que popularizaron unos años más tarde Polidori en el relato El Vampiro (1816), James Rymer en Varney el Vampiro (1845) y sobre todo Sheridan Le Fanu quien, deprimido tras la prematura muerte de su esposa, publica en 1855 la magnífica obra Camilla, mostrándonos por primera vez la figura de la mujer vampira, sensual y evocadora, rompiendo la imagen antropomórfica de las arpías, estriges y empusas para acercarnos a la figura de Lilith. Cuando Bram Stoker publica Drácula (1888) la presencia del vampiro moderno ya es una constante en la novela gótica.

¿Cual es el primer referente histórico de las leyendas vampíricas? Las fuentes históricas nos hablan de la existencia de una familia noble que logró controlar amplios dominios señoriales en una región central de Transilvania, la familia Bathory, uno de cuyos antepasados había combatido contra los turcos junto al voivoda Vlad Tépes (figura histórica que inspiró el personaje de Drácula de la novela de Bram Stoker). En el siglo XVII una de las mujeres del linaje, Erzsébet Bathory, sumió en el terror a los campesinos de los territorios transilvanos debido a su gusto desmesurado por la sangre de las jóvenes doncellas hasta el punto de ser conocida por el sobrenombre de "La Condesa Sangrienta".

Las fuentes históricas nos muestran a Erzsébet Bathory como una mujer tan obsesionada con su imagen pública que no dudaba en cambiar de peinado y ropajes hasta seis veces al día y pasar largas horas frente al espejo en busca de los primeros signos de vejez. Tras la muerte de su marido, Ferencz Nadasdy, Erzsébet descubrió el supuesto poder rejuvenecedor de la sangre de la manera que sigue. Una de sus doncellas estaba peinándole el cabello cuando le tiró sin querer un pequeño mechón provocando un gran enojo en la condesa quien reaccionó abofeteando a la sirvienta con tanta fuerza que le ocasionó una leve hemorragia nasal. La sangre brotó y fue a dar en alguna parte de la piel de la condesa, quien creyó notar un mejoramiento asombroso del cutis allí donde se había posado la gota de sangre. A partir de aquel momento dedicó gran parte de su vida a su pasatiempo favorito: tomar baños de sangre para evitar el envejecimiento de la piel.

Con la ayuda de un herrero bien pagado y amedrentado, la condesa forjó en secreto la herramienta necesaria para tal afición: una jaula cilíndrica de láminas de hierro sujetas por aros y cuyo interior estaba provisto de pinchos acerados. Llegada la ocasión y siempre de noche, comenzaba el sangriento pasatiempo de la condesa. La asistente Dorkó hacía descender por la escalera del sótano a una joven doncella completamente desnuda a la que arrastraba de la pesada cabellera y la introducía en la jaula que inmediatamente era elevada hasta el techo abovedado con ayuda de una polea. En ese instante aparecía la condesa Erzsébet que, vestida de lino blanco, se introducía en una pequeña tina situada bajo la jaula. Tomando un atizador , Dorkó comenzaba a golpear a la prisionera quien, en sus movimientos de retroceso, caía violentamente contra los pinchos que rodeaban el interior de la jaula haciendo manar su sangre hacia la tina de la condesa. Cuando la joven se desangraba hasta la muerte, la sirvienta Kateline lavaba el sótano de los restos de sangre y la condesa recogía con la mano los pliegues ensangrentados de su vestido, ordenaba que le alumbraran el camino y volvía a su habitación.

Pero el tiempo pasaba y la condesa envejecía. Pensando que la causa de su envejecimiento se debía al origen plebeyo de sus víctimas, Erzsébet comenzó a invitar al castillo a las hijas de la baja nobleza pero en esa decisión encontró los límites del sistema feudal. El propio rey de Hungría, Matías Habsburgo, ordenó detener las extravagancias de la condesa e instruirle un juicio al que Erzsébet se negó a asistir amparándose en sus prerrogativas nobiliarias. Sus sirvientas fueron torturadas y quemadas. La condesa fue condenada a habitar en una habitación tapiada de su castillo en la que el único contacto con el exterior era un pequeño orificio por el que se le pasaba alimento. La Condesa Sangrienta murió en 1614.

A pesar de la relevancia que alcanzó Erzsébet Bathory en el siglo XVII, el personaje que más ha calado en las leyendas vampíricas es Vlad Tépes, el mítico Drácula de Bram Stoker, del que hablaré en posteriores entradas.